Juan Pablo Carrasco junto a embajadores de otros páises sosteniendo acuerdos

Guatemala ante la reconfiguración de las cadenas globales de valor: oportunidad, realismo y acción

El presidente de AmCham Guatemala analiza el posicionamiento del país frente a los cambios en el comercio internacional y propone una ruta basada en sectores estratégicos, infraestructura y capital humano.

Estamos viviendo un momento de reconfiguración profunda en la economía global. Las cadenas de suministro que durante décadas funcionaron bajo la lógica de la eficiencia extrema —con centros de producción concentrados en Asia y logística transoceánica optimizada al centavo— están siendo revisadas. Las razones son conocidas: disrupciones logísticas acumuladas desde 2020, tensiones geopolíticas entre grandes potencias, y una creciente demanda de resiliencia por parte de empresas que aprendieron, a la fuerza, que depender de un solo origen de producción es un riesgo que ya no pueden asumir.

Este fenómeno, que la literatura empresarial ha bautizado como nearshoring, friend-shoring o reshoring según el matiz, representa para Centroamérica —y en particular para Guatemala— una oportunidad que no se presenta con frecuencia. Pero las oportunidades, por definición, tienen fecha de caducidad. Y la diferencia entre capturarlas y dejarlas pasar depende de lo que hagamos hoy, no de lo que prometamos hacer mañana.

Desde AmCham Guatemala, hemos dedicado los últimos años a construir una propuesta concreta para que el país pueda posicionarse como un destino competitivo en esta nueva geografía del comercio global. No se trata de un ejercicio teórico ni de una declaración de intenciones: se trata de identificar dónde están nuestras fortalezas reales, reconocer nuestras limitaciones sin autocomplacencia, y actuar con la velocidad que el contexto exige.

Guatemala tiene fortalezas objetivas. Es el mercado más grande de Centroamérica por población y por PIB. Tiene acceso preferencial al mercado estadounidense a través del DR-CAFTA. Su ubicación geográfica permite tiempos de entrega significativamente menores que los de proveedores asiáticos. Y cuenta con sectores industriales maduros —textil, agroindustria, BPO— que ya operan bajo estándares internacionales y con experiencia en exportación.

Pero también tiene desafíos que no podemos ignorar. La infraestructura vial y portuaria sigue siendo insuficiente para soportar un incremento significativo en la actividad logística. La brecha de capital humano calificado es real: las empresas que se instalan necesitan operarios técnicos, ingenieros de procesos, especialistas en logística y talento digital que el sistema educativo actual no produce en la cantidad ni con la calidad requeridas. Y la certeza jurídica —un factor determinante para cualquier decisión de inversión de largo plazo— necesita fortalecimiento continuo.

La pregunta que debemos hacernos no es si Guatemala tiene potencial. Lo tiene. La pregunta es si estamos haciendo lo suficiente, con la rapidez necesaria, para convertir ese potencial en resultados concretos antes de que otros países de la región nos adelanten.

En AmCham Guatemala hemos trabajado en una agenda que aborda estos desafíos desde cuatro frentes. El primero es la focalización sectorial: no podemos competir en todo, pero sí podemos ser altamente competitivos en los sectores donde ya tenemos masa crítica y experiencia. El segundo es la infraestructura como habilitador, no como promesa: necesitamos que los proyectos de conectividad se ejecuten, no solo que se anuncien. El tercero es la formación técnica con visión de demanda: los programas educativos deben diseñarse en función de lo que las empresas necesitan, no de lo que el sistema académico ofrece por inercia. Y el cuarto es la institucionalidad como ventaja competitiva: un país donde las reglas son claras, los contratos se respetan y los conflictos se resuelven con eficiencia atrae más inversión que uno que ofrece incentivos fiscales pero genera incertidumbre.

El nearshoring no es una tendencia pasajera. Es una reorganización estructural del comercio global que definirá ganadores y perdedores en la próxima década. Guatemala puede estar entre los ganadores, pero solo si actuamos con sentido de urgencia, realismo sobre nuestros desafíos y la capacidad de construir consensos entre el sector público, el privado y la sociedad civil.

Desde AmCham Guatemala seguiremos trabajando en esa dirección: con propuestas concretas, interlocución permanente y la convicción de que el desarrollo económico sostenible es la mejor inversión que un país puede hacer en su propio futuro.

Similar Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *